jueves, 31 de julio de 2014

El IMSS, empeora el servicio

Por: Álvaro González
      El Instituto Mexicano del Seguro Social parece tener la mala intención de hacer pasar a los mexicanos por el purgatorio antes de que pisen el cielo: lejos de mejorar sus servicios se deterioran cada vez más y su personal, desde el administrativo y el médico, pasando por la enfermería, pierden en calidad humana y ganan en prepotencia e incapacidad. Mientras en el país se habla de reformas educativas, energéticas, de comunicaciones y demás, los servicios de salud, que son los primeros que debe atender el estado, se pierden en la ineficiencia, por más que se pregone que la cubertura médica, con el llamado seguro popular, se ha vuelto universal aún para los mexicanos más pobres.
     El hospital de zona número 16 de Torreón, Coahuila, un viejo nosocomio que tiene operando ya más de medio siglo, es la representación diaria de ese purgatorio por donde penan los enfermos y sus familiares. Las parturientas tienen un día para parir; al día siguiente se tienen que ir porque no hay camas suficientes, ni doctores suficientes, ni enfermeras suficientes, ni agua tibia para bañarse después del parto y sí condiciones de suciedad que mantienen flotando en el ambiente bacterias que pueden atacar a los recién nacidos y matarlos, literalmente.
    La consulta, que supuestamente se había modernizado, sigue siendo un penar. Se saca cita por teléfono pero cuando el paciente acude a la hora marcada, ya hay seis u ocho pacientes adelante y una “cola” de doce a quince gentes más, lo que lleva a la prepotente secretaria a decidir: “van a entrar a consulta como fueron llegando, así que fórmense, cuando llegue el doctor comienzan a pasar”.
     El médico, un especialista en medicina interna, llega casi una hora después de lo que debería: desaliñado, la bata algo percudida, con un gesto de apatía, de cierto enfado y se instala en su destartalado consultorio, un cubículo con un escritorio pequeño, dos sillas desvencijadas, un lavabo oxidado y una máquina computadora que parece ser una intrusa dentro de este ambiente percudido por los años y la desidia. El calor es insoportable porque el aire acondicionado no funciona adecuadamente, así que decide abrir la puerta y consultar a sus pacientes a la vista de todos los que están fuera o pasan por ahí. Su actitud de enfado se entiende en algo cuando se tienen que atender 20 pacientes al día, para cada uno de los cuales dispone de tan solo 20 minutos, no importando lo complicado o simple del padecimiento.

     ¡Chicles, dulces, aguas, sodas, cacahuates…! Va voceando un hombre gordo, joven y sudoroso, que recorre los pasillos del hospital llevando una canasta con lo que anuncia. No tiene permitido vender comida, pero lo demás lo vende por todas las salas y pasillos atestados de pacientes y familiares de estos. El doctor se asoma y pide un refresco...
EDICIÓN COMPLETA DE VENTA EN TIENDAS OXXO