Por:
Álvaro González
El Instituto Mexicano del Seguro Social
parece tener la mala intención de hacer pasar a los mexicanos por el purgatorio
antes de que pisen el cielo: lejos de mejorar sus servicios se deterioran cada vez
más y su personal, desde el administrativo y el médico, pasando por la
enfermería, pierden en calidad humana y ganan en prepotencia e incapacidad.
Mientras en el país se habla de reformas educativas, energéticas, de
comunicaciones y demás, los servicios de salud, que son los primeros que debe
atender el estado, se pierden en la ineficiencia, por más que se pregone que la
cubertura médica, con el llamado seguro popular, se ha vuelto universal aún
para los mexicanos más pobres.
El hospital de zona número 16 de Torreón,
Coahuila, un viejo nosocomio que tiene operando ya más de medio siglo, es la
representación diaria de ese purgatorio por donde penan los enfermos y sus
familiares. Las parturientas tienen un día para parir; al día siguiente se
tienen que ir porque no hay camas suficientes, ni doctores suficientes, ni
enfermeras suficientes, ni agua tibia para bañarse después del parto y sí
condiciones de suciedad que mantienen flotando en el ambiente bacterias que
pueden atacar a los recién nacidos y matarlos, literalmente.
La consulta, que supuestamente se había
modernizado, sigue siendo un penar. Se saca cita por teléfono pero cuando el
paciente acude a la hora marcada, ya hay seis u ocho pacientes adelante y una
“cola” de doce a quince gentes más, lo que lleva a la prepotente secretaria a
decidir: “van a entrar a consulta como fueron llegando, así que fórmense,
cuando llegue el doctor comienzan a pasar”.
El médico, un especialista en medicina
interna, llega casi una hora después de lo que debería: desaliñado, la bata
algo percudida, con un gesto de apatía, de cierto enfado y se instala en su
destartalado consultorio, un cubículo con un escritorio pequeño, dos sillas
desvencijadas, un lavabo oxidado y una máquina computadora que parece ser una
intrusa dentro de este ambiente percudido por los años y la desidia. El calor
es insoportable porque el aire acondicionado no funciona adecuadamente, así que
decide abrir la puerta y consultar a sus pacientes a la vista de todos los que
están fuera o pasan por ahí. Su actitud de enfado se entiende en algo cuando se
tienen que atender 20 pacientes al día, para cada uno de los cuales dispone de
tan solo 20 minutos, no importando lo complicado o simple del padecimiento.
¡Chicles, dulces, aguas, sodas, cacahuates…!
Va voceando un hombre gordo, joven y sudoroso, que recorre los pasillos del
hospital llevando una canasta con lo que anuncia. No tiene permitido vender
comida, pero lo demás lo vende por todas las salas y pasillos atestados de
pacientes y familiares de estos. El doctor se asoma y pide un refresco...
EDICIÓN COMPLETA DE VENTA EN TIENDAS OXXO
Unknown

Posted in: 
