Por:
Álvaro González
El páramo se extiende inmenso en su
soledad grisácea. Lo parte en dos la nueva carretera que lleva de la cabecera
de Viesca a Parras de la Fuente, una vía que solo usan los rancheros y los
pocos ejidatarios que transitan por ahí. El calor ya sofocante de mayo no ha
logrado amainar con el aguacero del día anterior. Pareciera que estamos en
cualquier otro paraje desolado de los muchos que colindan entre estos dos
municipios de La Laguna de Coahuila, pero de pronto aparecen varios ranchos
privados. Salvo uno de ellos que ya es considerado “viejo” y está más pegado a
las faldas de la serranía que se levanta plomiza al fondo, todos los demás son
nuevos; tienen apenas tres años que se establecieron, todos son propiedad de
gente de Torreón, pero los rancheros solo identifican a uno de ellos por ser
una figura pública que sale con frecuencia en la televisión: Guillermo Anaya
Llamas, actual diputado federal, exsenador de la república, exdiputado local y
exalcalde de Torreón. Su rancho, de casi mil hectáreas, es sin embargo uno de
los tres que no pudo convertirse en una rica plantación nogalera, la suerte en
ésta ocasión no le socorrió al conocido político panista: después de perforar
cuatro pozos el agua se empecinó en salir salitrosa, mala, cuando ya había
plantado miles de nogales tiernos que murieron secos en los surcos de ésta que
parece una especie de laguna también seca, donde la hierba no se da
precisamente por falta de agua, pero otro si corrieron con mejor suerte de
encontrar agua buena para la siembra de árboles y forrajes.
¿Qué tiene esto de extraordinario además
de la evidente inexperiencia para realizar una cuantiosa inversión en tratar de
montar un rancho nogalero? Toda la infraestructura que está a la vista, la cual
tiene un costo millonario, se presume que proviene del erario público y fue
hecha por medio de las delegaciones federales especialmente para el rancho de
Guillermo Anaya y quienes compartieron con él este que es otro de sus
“proyectos” como empresario agrícola.
La enorme propiedad tiene una cerca de 3.1
kilómetros por lado que todavía conserva la pintura nueva, pues fue colocada
hace apenas tres años. Son muchísimos postes y también muchos kilómetros de
alambre de púas (ocho hilos de altura y postes de cemento). Fueron cuatro
perforaciones a profundidades que llegaron casi a los 100 metros, en la opinión
de los rancheros de Viesca que fueron contratados como peones. Un solo permiso
de agua cuesta en ésta zona por lo menos un millón y medio de pesos, pero la
ubicación de los ranchos se hizo en ese lugar porque es parte del municipio de
Parras y en éste es más “fácil” obtener permisos ante la Conagua si se es el
compadre del presidente de la república, como lo era Anaya hace tres años.
Además de los cuatro pozos malos que se
perforaron, se llevaron para su plantación miles de nogales y cada uno de ellos
puede costar de 250 hasta mil pesos, dependiendo de su tamaño.
Si se considera que el costo de la tierra,
que pertenecía al Ejido 4 de Marzo de Parras de las Fuente, fue lo más barato
(alrededor de medio millón de pesos) la inversión resultó millonaria, pero
falta todavía lo más importante: para establecer los ranchos se realizó, por
parte de las dependencias federales, un tendido de postería eléctrica y
equipamiento de la misma con una extensión de 21 kilómetros, que inició en lo
que son las instalaciones del cárcamo de Viesca y concluye justamente en los
ranchos. Por lo menos 210 postes, el tendido de alambre y el equipamiento
necesario para que los nuevos rancheros pudieran ver fructificar su inversión.
En ese año el delegado federal de la
Secretaría de Comunicaciones y Transportes era nada menos que Jesús De León
Tello, quien fue el año pasado candidato a la alcaldía de Torreón por el PAN y
uno de las gentes más cercanas del equipo político de Guillermo Anaya.
En Viesca, donde el desempleo mantiene en
las esquinas y a la sombra de los pinabetes a la mayoría de los hombres
conversando gran parte del día, es de dominio público que toda la
infraestructura fue colocada en los nuevos ranchos por las dependencias
públicas: varios de ellos fueron contratados para trabajar un tiempo en el
lugar, a donde acudía solo de manera ocasional el político panista, al cual
identifican muy bien.
El caso todo parece salido de los gobiernos
de un Luis Echeverría o de un José López Portillo, pero no, salió de un sexenio
calderonista y de un grupo de políticos panistas, lo que aún conserva cierto
asombro si se toma en cuenta el discurso moralista de este partido que duró más
de medio siglo en la oposición pregonando la honestidad.