domingo, 1 de junio de 2014

Fútbol y política, el problema de Brasil

Por: Pedro Santibañez
      La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, está más que arrepentida de haber aceptado la sede del mundial de futbol que se está llevando a cabo. Cuando fueron elegidos para realizar el evento del mundial y las olimpiadas, consideraron que era un honor, pero, ingenuamente, desconocían la manera como se maneja la Federación Internacional de Futbol Asociado, FIFA, que dirige el francés Joseph Blatter, quien pide, y recibe, un trato de jefe de estado.
    Apenas oficializada la sede llegó con ella una impresionante lista de exigencias, que implicaban la construcción de varios estadios, obras de infraestructura vial, servicios y un sinfín de condiciones, todo a cargo del gobierno brasileño que, hasta la fecha, ha tenido que invertir alrededor de 11 mil millones de dólares, pero apenas comenzaron los preparativos comenzaron los problemas: no había la capacidad técnica suficiente para tener a tiempo la construcción de todos los estadios; la corrupción de los funcionarios gubernamentales y las empresas constructoras inflaron los costos de una manera desorbitante (¿Dónde hemos escuchado esa misma historia?) y, lo peor de todo para la presidenta de izquierda y para su líder moral Lula Da Silva, los brasileños, que son considerados a nivel internacional como los reyes del futbol, dejaron a un lado la manipulación mediática y se lanzaron a las calles para protestar en contra de la inauguración del mundial, criticando los altísimos e inútiles costos de la construcción de estadios en ciudades donde se convertirán en elefantes blancos una vez que pase el evento, en tanto el país, que ha tenido indiscutiblemente una gran mejoría en los últimos años, sigue registrando índices de pobreza muy críticos y la reciente clase media que ha surgido de la nueva etapa de crecimiento, muestra un sentido crítico que anteriormente no tenía, por lo cual ha desplegado esa gran movilización crítica y opositora a un evento que no le encuentran sentido, si Brasil ha sido cuatro veces campeón del mundo jugando en otros países el mundial.
    Ya anteriormente Edson Arantes Do Nacimento, el famoso “Rey Pelé”, había declarado: “Ojala que a mi país nunca le toque organizar el mundial de futbol por todas las exigencias que eso implica”. Tenía mucha razón alguien que sabe todo los entresijos del mundo del futbol, pero además mientras el brasileño Joao Avelange fue el presidente de la FIFA, y lo fue por muchísimos años, nunca promovió a Brasil para ser sede de un mundial de futbol, algo que México ha hecho en dos ocasiones, además de haber organizado también unos juegos olímpicos, los cuales seguimos pagando, después de 46 años, con el impuesto a la tenencia de los automóviles; un impuesto absurdo que se nos impuso para financiar supuestamente los gastos de la olimpiada de 1968, cuyo preámbulo fue nada menos que el movimiento estudiantil de ese mismo año; un acontecimiento político que partió la historia del México moderno.
    Hoy Brasil, uno de los países emergentes del mundo, que se presumía estaba pasando por una periodo dorado en su economía y en su desarrollo social, tiene todo un movimiento político de protesta en contra de un gobierno de izquierda que, hasta ahora, era considerado como exitoso, pero que a consecuencia del despilfarro y la corrupción que se han dado en torno al mundial, está poniendo en riesgo la reelección de la propia Dilma Rousseff, quien en la inauguración ha recibido un coro de reclamos y una rechifla, como la que en su momento recibieron Gustavo Díaz Ordáz y Miguel De la Madrid Hurtado.
    Para la FIFA no hay ningún problema, el poderoso organismo, que tiene por cierto un manejo directivo y corporativo que tiene ciertos tintes mafiosos o por lo menos bastante oscuros, considera que tendrá ingresos por 4 mil millones de dólares y gastos totales por 2 mil millones de dólares, lo que le reportará ganancias por 2 mil millones de dólares, en lo que es un cálculo conservador por parte de los especialistas. En su última edición la revista Forbes, considerada líder internacional en la especialidad de negocios y finanzas, calculó en 200 mil millones de dólares el valor de la industria mundial del futbol profesional, tomando en cuenta los contratos comerciales, el costo de los equipos y el valor de los futbolistas. Una gigantesca máquina de dinero que nunca se detiene y a la cual no le afectan las crisis económicas globales. Europa, donde se encuentra la mayor parte de este monstruoso negocio, está pasando por una situación verdaderamente difícil, pero el espectáculo futbolero sigue gastando y ganando carretas de millones de dólares o de euros, según la moneda que se prefiera.

    Por lo pronto los brasileños han mostrado que adoran el futbol, pero adoran más el bienestar de su país y no están dispuestos a pagar ellos los costos financieros para que la FIFA monte su circo multimillonario. Estas molestos y están también dispuestos a castigar políticamente a sus políticos por el despilfarro y la corrupción, lo cual hay que aplaudírselos, tanto o más que un golazo de campeonato.